El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo

El Amor es la fuerza que transforma y mejora el Alma del Mundo... cuando amamos siempre deseamos ser mejores de lo que somos

El amor nunca impide a un hombre seguir su Leyenda Personal. Cuando esto sucede, es porque no era el verdadero Amor, aquel que habla el Lenguaje del Mundo

Entre más apego tiene el hombre por el mundo, menos buscará el conocimiento. Entre más pequeño es su apego, mayor será la posiblidad de ganarlo todo
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El Amor y el Mago

Dicen que un día un niño preguntó a un mago qué era el amor. Este le dijo algo:

"El amor es algo impredecible que muchas veces surge sin que nadie pueda evitarlo, muchos han intentado esquivarlo y llegaron a una vida sin sentido. Es algo que puede hacerte la persona más feliz del mundo pero al mismo tiempo la más desdichada, ya que temes perderlo algún día.
Siempre se tiende a esperar a alguien, ese alguien te está esperando al igual que tú lo esperas. Por el camino de esta vida encuentras a personas que crees que te correspondes pero con el tiempo te das cuenta que no. Puedes pensar mil cosas en una noche oscura cuando te enamoras de una persona que amas, sufres sí pero debes pensar que alguien te está buscando, que espera mirando la luna pidiéndole conocerte y hablar contigo.

Cuantos correspondidos y no correspondidos tiene este mundo. El amor verdadero surge como una bella gota al caer de las nubes, es puro como esta y transparente."
Terminó el mago con una frase: "El día que te enamores sabrás realmente que es el amor"


El Vuelo del Aguila

"El águila es el ave de mayor longevidad de su especie. Llega a vivir 70 años. Pero para llegar a esa edad, a los 40 años deberá tomar una seria y difícil decisión. 
A los 40 años sus uñas se tornan apretadas y flexibles, sin conseguir tomar a sus presas de las cuales se alimenta. Su pico largo y puntiagudo se curva apuntando contra su pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas gruesas. 
Volar se le hace ya muy difícil. Entonces el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar su dolorido proceso de renovación, que durará 150 días. 

Este proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga la necesidad de volar. Después, al encontrarse en el lugar, el águila comienza a golpear su pico contra la pared hasta conseguir arrancarlo. Después de arrancarlo, esperará el crecimiento de uno nuevo, con el que desprenderá una a una sus uñas talones. Cuando los nuevos talones comienzan a nacer, comenzará a sacar sus plumas viejas. Después de cinco meses saldrá hacia el famoso vuelo de renovación que le dará ¡30 años más de vida!" 

En nuestra vida…muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación. Para continuar un vuelo de victoria, debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor. También debemos desprendernos de temores por los obstáculos que se pudieran presentar, ya que el universo conspirará para apoyarnos en nuestro propósito. Solamente libres del peso del pasado y del temor por el futuro podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre nos trae.

Continuemos con alegría, voluntad, decisión y esperanza el viaje que decidimos emprender desde nuestra llegada a este hermoso mundo. Mucha felicidad y éxito para todos en el camino de la vida y la evolución personal-espiritual.

Se tu mismo


Muchas veces nos dejamos influenciar por las opiniones ajenas en asuntos en los que tenemos que tomar nuestras propias decisiones.


Nunca podremos satisfacer totalmente a los demás en sus demandas, por lo que siempre es mejor hacer aquello que nos permita sentirnos bien y en armonía con nosotros mismos.

Este cuento Zen nos ilustra al respecto
      
CIERRA LOS OIDOS 

El sendero con corazón (Carlos Castaneda)

Cada cosa es un sendero entre un millón. Por lo tanto, tú debes siempre recordar que un sendero es sólo eso: una senda. 

Si sientes que no debes seguirlo, no deberás permanecer en él bajo ningún tipo de condiciones.

Para poseer tal claridad, deberás llevar siempre una vida disciplinada. Sólo entonces llegarás a saber que una senda es sólo una senda, y que no debe haber afrenta para ti ni para otros por abandonarla, si eso es lo que tu corazón te pide. 

Pero tu decisión de seguir en la senda o de abandonarla, deberá estar libre de temores y ambiciones.

Te advierto. Debes mirar cada sendero con mucha atención. 

Pruébalo tantas veces como lo creas necesario. Luego pregúntate a ti, y a ti solamente, una pregunta. Esa pregunta es una que sólo haría un hombre de mucha edad. 

Mi benefactor me la hizo cuando yo era joven y mi sangre era muy vigorosa para que la entendiera. Ahora la comprendo y te la repetiré. ¿Tiene corazón este sendero?

Todas las sendas son iguales; no conducen a ninguna parte. Son senderos que cruzan el matorral o se internan en el matorral. En mi propia vida puedo afirmar que he recorrido senderos largos, muy largos, pero no he llegado a ninguna parte. 

La pregunta de mi benefactor tiene ahora sentido. ¿Tiene corazón este sendero? 

Si lo tiene, el sendero será bueno. Si no, no sirve.

Ambos senderos conducen a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. 

Uno significará un viaje alegre; mientras lo recorras, serás parte de él. 
El otro puede arruinar tu vida. Uno te hará fuerte; el otro te debilitará.

El problema es que nadie se hace la pregunta, y cuando un hombre termina por comprender que ha seguido un sendero sin corazón, dicho sendero ya está por matarlo. 

En ese punto, son pocos los hombres que pueden detenerse a pensar y abandonar el sendero.

Una senda sin corazón nunca podrá ser disfrutada. 

Tendrás que esforzarte incluso para recorrerla. En cambio, una senda con corazón es fácil, no te obligará a esforzarte para gustar de ella. 

Para mi sólo tiene sentido recorrer los senderos que tienen corazón. 

En cualquier senda que pueda tener corazón, allí viajaré, 
y el único desafío que vale la pena, 
es recorrerla en toda su extensión.

Y allí viajaré, buscando, buscando sin aliento
Texto de: DON JUAN, 
Un guerrero Yaqui, 
según se lo contara a Carlos Castaneda

Todo Pasa

Hay personas que creen que las cosas deben durar para siempre. No entienden que si la vida no dura para toda la vida, las cosas que la vida contiene, tampoco pueden durar para toda la vida.
También estas personas suelen vivir como si no tuvieran memoria, no recuerdan que hubo situaciones en la vida que empezaron, que terminaron; no recuerdan que en algún momento un padecimiento fue tal, y luego dejó de serlo. Y entonces, sucede que muchas personas viven determinadas situaciones de sus vidas como una catástrofe, como algo que nunca va a pasar, como si ese dolor  viniera y se instalara para siempre, como si no pudieran recordar que alguna vez pasaron por algo similar o por un dolor semejante y esto también pasó.
Cierta vez, había un pintor, muy enamorado de una mujer. De tal forma estaba enamorado, que ella era continuamente su inspiración.  Amanecía con los ojos encendidos de Amor, y cuando la miraba a su lado, renacía cada vez el deseo de pintar. Sus colores se encendían por la belleza de sus sentimientos.
Un día, cuando el sol comenzaba a iluminar su atelier, despertó y vio que su mujer, aquella mujer a la que tanto amaba, ya no estaba a su lado. Bueno, no era costumbre de él esa situación, así que se levantó y empezó a buscarla.
Sobre la mesa encontró una carta que decía: “Me voy, y ya no voy a volver nunca más, he dejado de quererte”.
Creyó que enloquecía, desesperó, comenzó a tirar cosas contra las paredes y se sumió en la más profunda de las depresiones de un momento para el otro. Empezaron a pasar las horas, y también los días, y no comía, y no tomaba agua, y no vivía……….  Y cuando ya su cuerpo empezaba a debilitarse gravemente recordó que había un monje, no muy lejano, en un monasterio, que había conocido de niño y que siempre tenía una respuesta para cada cuestión que él le planteara.
Y con poca fuerza, pero con un hábito de vida, tomó un tren que lo llevó a aquella vieja estación. Cuando bajo, caminó hasta el monasterio y cuando entró a los jardines de aquel lugar, vio de espaldas, caminando, a aquel monje; lo reconoció por su andar, sí a penas lo vio. Se acercó a él presuroso, y cuando estuvo allí, con su barba crecida, con sus ojos decaídos, con su pelo desgreñado,   se puso adelante del monje a quien le resultó un rostro algo conocido, pero muy desdibujado.
Le conto su historia, le contó de su dolor, le contó de su pérdida, le contó desesperadamente de su ansiedad por recuperar a aquella mujer, y de su desesperación por sentir que ya no volvería nunca más. Y cuando le hubo contado todo esto, esperó una respuesta, ávido, con la necesidad de aquel que no tiene otra opción en la vida que la que va a escuchar.  El monje lo miró a los ojos, puso una mano sobre el hombre de aquel desvalido pintor, y le dijo:
-          Esto También va a pasar.
Desconcertado por esta respuesta, no encontrando que ella le sustentara nada del dolor que sentía, se alejó, ya con el pensamiento dirigido hacia la mismísima muerte. Tomó aquel tren, llegó a la estación de su pueblo, y cuando bajó por las escaleras, se topó intempestivamente con una Mujer, a la que se le cayeron las pertenencias en ese encuentro, por ese choque; ambos se agacharon a levantar las cosas, y cuando se miraron, quedaron perplejamente enamorados.
Nunca se habían visto en la vida, pero sintieron como si se conocieran desde siempre. Y desde ese momento, desde ese preciso instante, no se separaron nunca más.
Y él entonces, una mañana también, comenzó a comprender lo que aquel monje le había dicho. Y entonces sintió el deseo, la obligación de volver a verlo y de contarle todo y decirle cuánta razón tenía.  Así que tomó aquel tren, llegó a aquella vieja estación, entró por los jardines del monasterio, y fue en busca de aquel hombre.
Y cuando lo encontró, con desesperación, ya sin barba, ya con los ojos llenos, colmados de amor, le contó toda esta historia, le contó de la sabiduría que ese monje tubo cuando le dijo aquello que él no pudo comprender, y espero al terminar ávidamente una respuesta. El monje lo miró a los ojos, puso una mano sobre su hombro y le dijo:
-          Esto También va a pasar.
Uno no debe sumirse en la peor de las sensaciones y de las desgracias cuando pierde algo, ni tampoco en la mayor de las euforias cuando la conquista, porque las cosas en la vida………como la vida misma, SIEMPRE PASAN.

Extraido libro Decisiones.-